Los 5 patrimonios de la Unesco que Panamá le regala a la humanidad

31 mayo, 2017 by Leonardo Bailey

Los 5 patrimonios de la Unesco que Panamá le regala a la humanidad

LA PARTICIPACIÓN de Panamá en la Lista de Patrimonio de Mundial de la Unesco es pequeña, pero significativa. Al final de cuentas, Panamá es un país con una enorme biodiversidad y cuya importancia durante la época colonial española en América fue gigantesca, al ser un punto altamente estratégico. Justamente, los cinco sitios declarados Patrimonio de la Humanidad se reparten entre parques nacionales y bienes culturales coloniales.

1. Fortificaciones de la costa caribeña de Panamá: Portobelo y San Lorenzo

No es ningún secreto que el camino más corto entre el océano Pacífico y el Atlántico es por Panamá; por algo se construyó aquí el famoso canal. Desde el siglo XVI, las riquezas extraídas de Sudamérica se llevaban por barco hasta la ciudad de Panamá, por donde cruzaban el istmo hasta llegar al Caribe, para ser nuevamente embarcadas hacia la península Ibérica. Esto evidentemente atrajo a piratas y corsarios, quienes asediaron las poblaciones del Caribe panameño. Para defender sus puntos estratégicos, la corona española construyó diversas fortificaciones en la costa, notablemente en la desembocadura del río Chagres, donde finalizaba el Camino de Cruces, y alrededor de la bahía de Portobelo, donde concluía el Camino Real. Las mismas fueron atacadas en numerosas ocasiones, destruidas otras tantas y reconstruidas nuevamente. Tras el declive del uso de estas rutas, los fuertes quedaron a merced de los elementos, pero su importancia histórica es tal que fueron la primera adición a la lista de Patrimonio de la Humanidad en Panamá.

El fuerte de San Lorenzo, a la desembocadura del río Chagres, se encuentra en un risco sobre el mar Caribe, rodeado de abundante selva tropical, declarada área protegida dentro del Bosque Protector San Lorenzo. Para visitarlo es necesario cruzar el canal de Panamá en transbordador o a través del puente abatible en las esclusas de Gatún, el cual si está cerrado, te permite vivir la experiencia de ver de cerca una de las cámaras de las esclusas del canal.

Portobelo, por otro lado, cuenta con diversos monumentos históricos, como los fuertes de San Jerónimo, Santiago y San Fernando, así como la Real Casa de Aduanas. Es además un excelente lugar para conocer la cultura y gastronomía afroantillana de Panamá, aprender a bucear o practicar el snorkel.

2. Parque Nacional del Darién

Conocido en Panamá como el «tapón del Darién», esta selva es uno de los grandes refugios de biodiversidad que quedan en el planeta. La selva del Darién es el único punto donde se interrumpe la Carretera Panamericana, que une Alaska con Tierra del Fuego, siendo necesario cruzar de Panamá a Colombia en barco o avión. Visitar el parque nacional del Darién es sumergirse en naturaleza en estado puro, es incursionar en territorio de jaguares y águilas harpías, es disfrutar de la jungla tropical más densa que existe en Centroamérica. Por supuesto, no es una visita fácil de realizar y es recomendable hacerse con los servicios de un buen guía.

3. Reservas de la Cordillera de Talamanca–La Amistad /Parque Nacional de la Amistad

El nombre de este parque nacional le queda como anillo al dedo, pues se trata de un área protegida establecida en conjunto por los gobiernos de Costa Rica y Panamá, para llevar a cabo una mejor gestión y cuidado del patrimonio natural de la cordillera compartida entre ambos países, llamada de Talamanca en Costa Rica y Cordillera Central en Panamá. En este parque se encuentran los puntos más altos de ambos países, el cerro Chirripó y el volcán Barú, dos lugares espectaculares para los amantes del senderismo, desde cuyas cumbres se pueden apreciar el océano Pacífico y el Atlántico a la vez en los días despejados.

4. Sitio arqueológico de Panamá Viejo y distrito histórico de Panamá

El 15 de agosto de 1519, Pedrarias de Ávila fundó la población de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá, el primer asentamiento europeo en el Pacífico americano. Rápidamente creció en población e importancia, recibiendo el título real de ciudad, transformándose en un punto estratégico para el paso de personas, mercancías y riquezas entre el Atlántico y el Pacífico. No tardó en llamar la atención de piratas y corsarios, quienes sitiaron la ciudad en diversos momentos, siendo el más famoso cuando el corsario galés Henry Morgan cruzó el istmo desde la costa caribeña para realizar un ataque terrestre a la ciudad, tomándola y saqueándola completamente. Las ruinas de esta población, conocida hoy como Panamá Viejo, son hoy día un sitio arqueológico visitable. Su imagen más conocida es la torre de la antigua catedral, que aparece en muchos lugares como símbolo de la ciudad.

Tras la destrucción de Panamá Viejo, los colonos españoles trasladaron la ciudad a una zona más fácil de defender: una pequeña península con un estrecho acceso terrestre, rodeada de arrecifes coralinos. Así inició la vida del centro histórico de Panamá, conocido en el presente como Casco Antiguo. Tras una etapa de abandono, el núcleo de la capital ha experimentado una gran regeneración y tras diversos proyectos de restauración, el Casco Antiguo muestra con orgullo la belleza de sus edificios coloniales, construidos originalmente entre los siglos XVII y XX.

5. Parque Nacional de Coiba y su zona especial de protección marina

El nombre de Coiba evocó en las mentes de los panameños, por muchísimas décadas, miedo y terror. En 1912, el presidente de Panamá, Belisario Porras, creó una colonia penal en esta isla, al más puro estilo de la Isla del Diablo en la Guayana Francesa. Una isla remota, salvaje, rodeada de peligrosas corrientes marinas y tiburones, de donde pocos escaparían. La isla en sí no tenía muchas celdas, simplemente vivir en ella era ya la pena a sufrir. Durante la dictadura militar, muchos presos políticos fueron a parar a Coiba, de los cuales nunca más se volvió a saber. Incluso en su última etapa como colonia penal, los panameños seguían temiendo a Coiba y nadie tenía interés alguno en visitarla. Incluso hoy, tras ser un parque nacional y Patrimonio de la Humanidad sin prisión alguna, la gran mayoría de los panameños no conocen Coiba. Esto ha sido lo mejor que le podía pasar a esta isla, pues ha mantenido a los seres humanos alejados por décadas y a la naturaleza en su apogeo.

En la isla se encuentran muchas especies endémicas o que son raras en el territorio continental, como la guacamaya bandera, pero la mayor riqueza de Coiba está en sus aguas. Para los amantes del submarinismo, aquí se encuentra la mejor experiencia de todo Panamá. La gran cantidad de corrientes repletas de nutrientes atraen a todo tipo de animales pelágicos y cardúmenes de peces. Es común encontrarse rodeado de peces en casi toda la extensión de una inmersión y es tan normal ver tiburones que un operador de buceo garantiza que en dos inmersiones con ellos verás tiburones o te devuelven tu dinero. Coiba recibe además visitantes especiales durante todo el año: entre julio y octubre llegan las ballenas jorobadas, y entre diciembre y marzo se presentan los tiburones ballena y las mantas mobulares.

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