Compasión

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.  Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.  Entonces dijo a sus discípulos: a la verdad la mies es mucha, más los obreros son pocos; rogad pues, al Señor de la mies, que envié obreros a su mies.” (Mt.9:35-38).

“Y he aquí un interprete de la ley se levantó y dijo: para probarle: Maestro ¿Qué esta escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquel respondiendo, dijo: amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.  Y le dijo: bien has respondido; haz esto, y vivirás.  Pero él queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿y quién es mi prójimo’ Respondiendo Jesús, dijo: un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron? he hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto; Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole paso de largo.  Así mismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole paso de largo.  Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose vendó sus heridas, echándole aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuido de él.  Otro día, al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.  ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del cual cayó en manos de ladrones?  Él dijo: el que usó de misericordia (compasión) con él.  Entonces Jesús dijo: ve, y haz tú lo mismo.”

Estando consciente de que el Señor Jesús dijo a la iglesia: “Vosotros sois la sal de la tierra… vosotros sois la luz del mundo…” (Mt. 5:13-14). Analizaremos la compasión que el Señor espera que sintamos hacia el prójimo.  La compasión en la Biblia es una cualidad divina y a la vez humana.  Este vocablo (compasión) en las Sagradas Escrituras, también se puede traducir como: piedad, apiadar, perdonar, misericordia, etc.  De manera que compasión, piedad y misericordia, pueden considerarse como sinónimos.  Los profetas, sacerdotes, y otros hombres de Dios, estaban profundamente conscientes de la maravilla de la misericordia (compasión) de Dios para con los hombres pecadores.  Enseñaron que cualquiera que hubiese experimentado esto se sentiría obligado a tener compasión de sus semejantes, en especial del huérfano, la viuda y el extranjero, y también de aquellos que se encuentran en la pobreza o sufriendo aflicción (Dt. 10:18; 14:29; Sal. 146:9; Job 6:14; Pr. 19:17; Miq. 6:8).  No es adecuado considerar la compasión como un fenómeno psicológico superficial que equivale a tener lástima de alguién.  Cuando Jesús, miró a sus seguidores con compasión (Mt. 15:32; 20:34; Mr. 8:2; 9:22; Lc. 7:13; 10:33), los estaba mirando con amor.  De manera que la compasión es la respuesta conmovedora del amor a la pena sentida o a alguna calamidad amenazante en la vida de otra persona.  La compasión de Dios es el resultado de la grandeza infinita de su amor.  Al ver la desdicha de la creación, el Creador se compadeció, se apiadó y mostró su empatía, visiblemente en el obsequio de su hijo (Jn. 3:16).   Jesús es la personificación de la compasión del Creador, y por medio de él, enseñaba a sus seguidores que la compasión caracteriza la manera cristiana de vivir.  Ahora, examinemos las lecturas plasmadas al inicio de esta nota: Jesús recorría las ciudades y aldeas, haciendo la voluntad del Padre: Enseñar y predicar el evangelio del reino; de pronto algo ocurrió: la Biblia dice al ver las multitudes.  Él observó gran cantidad de personas desamparadas y dispersas.  Los vio y sintió compasión (en el original griego este término compasión denota como si se le rasgaran las entrañas).  Pero, ¿Por qué sintió compasión? 1. Por estar consciente de la gran cantidad de personas con necesidad de Dios.  Repito lo que la Biblia dice: Y al ver las multitudes (muchedumbre de gentes).  Los que tenían necesidad no eran dos, ni diez, ni cincuenta, ni cien; eran multitudes de almas sin Dios, sin destino, y sin salvación.  Jesús no pudo ser indiferente a su necesidad y sus entrañas se rasgaron dentro de sí por causa del amor y el dolor que sentía a la vez.  2. Por observar su condición: Estaban a. Desamparadas: A merced del enemigo.  Sin forma de defensa.  Sin protección.  Listos para la muerte.  Es la condición del pecador, cuando se aleja de Dios.  b. Dispersos: O separados, divididos, alejados, sin dirección.  ¡Que tremenda la visión del Señor! Vio en su justa dimensión la condición del ser humano, y se conmovió por eso.  Entonces señaló a sus discípulos: La mies (almas) es mucha, más los obreros (servidores con compasión) pocos.  Rogad, (suplicar, orar) pues al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.  Es triste pensar en la realidad de que los obreros son pocos.  Son pocos los que tienen la visión del Señor.  Son pocos los que sienten pasión (amor y carga por las almas).  Son pocos los qué conociendo la voluntad del Señor Jesús, están dispuestos a obedecer. Y pocos son los qué al hacerlo, lo hacen con compasión.  Dios tenga misericordia de las multitudes que viven a nuestro alrededor y envíe hombres (y mujeres) con compasión.  Jesús vino a este mundo a morir por todos los hombres y así dar oportunidad de salvación.  En esto se refleja el amor y la compasión de nuestro Dios por la humanidad.   Veamos el otro ejemplo: Un hombre cayó en manos de ladrones que los despojaron e hirieron, dejándole medio muerto.  Aconteció que un sacerdote que pasó por aquel camino y viéndole pasó de largo ¡Pero! Analicemos esto: ¿Por qué pasó de largo, si lo vio medio muerto? ¿Acaso un sacerdote, no es un representante de Dios? La respuesta es sí, un sacerdote es un representante de Dios en la tierra, pero pasó de largo porque: a. Era solo un religioso: Su sacerdocio era más teórico que práctico. Probablemente el hombre no era de su religión.  La piedad en su vida era solo una apariencia.  Realmente a este sacerdote no le importaba nada la vida de los hombres.  Representa a las diferentes religiones que hay en el mundo (incluyendo a la evangélica) que no les interesa y por lo tanto nada hacen a favor de los hombres.  b. Tenía cosas más importantes que hacer:  Al leer el texto sagrado, el sacerdote parece estar apurado para llegar a algún lugar.  No pudo detenerse y atender al hombre herido, porque tenía cosas más importantes que hacer.  Se parece a muchos de nosotros, que vemos la necesidad de la gente, pero la ignoramos al establecer “nuestras” prioridades como: Trabajo, estudio, diversión, familia, descanso, etc.  Esto no solo es un error, sino que también es pecado.  El Señor Jesús dijo que: Un alma vale más que el mundo entero.  La necesidad más urgente que hay en el mundo, es la salvación de las almas.  c. No era un pariente o un amigo suyo: El sacerdote lo vio (miró) pero no lo reconoció como un ser querido o apreciado; por eso pasó de largo.  Muchas veces ayudamos o no a las personas dependiendo de quién es.  Es decir, si lo conozco lo ayudo (oro por él, le hablo del señor, etc.), y si no lo conozco, no lo ayudo (esto también es pecado.  Debemos ayudar al prójimo, todo hombre o mujer que nos rodea).  d. No tenía compasión: Esto es lo esencial en la vida de todo cristiano.  El sacerdote tenía oficio (cargo), religión, pero no tenía compasión.  Él vio al hombre herido, pero pasó de largo.  Lo ignoró, lo despreció, no le importó.  Vio al herido y no sintió en su corazón nada por él.  Lo mismo ocurrió con el levita (representa a los políticos y las organizaciones civiles), pasó de largo; actuó egoístamente, con crueldad.  Esto es actuar en forma incorrecta.  Tanto el sacerdote, como el levita mostraron insensibilidad ante el dolor y la necesidad del prójimo.  Ahora bien, veamos la actitud correcta: Un samaritano que iba de camino, vino cerca de él y viéndole, fue movido a misericordia (tuvo compasión), y acercándose, vendó sus heridas (lo curó)… Al igual que los dos anteriores, el samaritano observó (vio) al hombre herido, pero no pasó de largo; antes, se acercó a él.  Sintió algo que le hizo acercarse a un hombre que no conocía, pero que lo necesitaba, sintió amor, compasión.  Se acercó para ayudarle. Lo curó con aceite y vino, y no lo abandonó, sino que lo puso en su cabalgadura y lo llevó para que alguien lo cuidara. (Aquí puedo observar un tipo del discipulado).  Esta actitud si impresiona el corazón de Dios.  Seguro que el samaritano tenía cosas personales que hacer, pero al ver la necesidad de un hombre esto fue suficiente para olvidarse de lo suyo, para concentrase en su prójimo.  Lo vio, se acercó, lo curó, lo puso en su cabalgadura y pagó para que lo cuidaran.  Le dedicó atención, tiempo y dinero. ¡Que tremendo ejemplo de compasión!  Por esto al final de la narración el Señor le ordenó al interprete de la ley lo que igual le ordena a Ud.: Ve y haz tú lo mismo. 

En conclusión: Si es cierto que usted pretende heredar la vida eterna; entonces hay una orden para ti.  Ve y haz tú lo mismo.  El Señor Jesús antes de ascender a los cielos dijo: Un nuevo mandamiento os doy. Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. (Jn. 13:34).  En este mandamiento radica la compasión.  Debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.  No podemos observar a las multitudes perdiéndose y no hacer nada; no debemos observar a los hombres medio muertos y pasar de largo.  Hay que tener compasión.  Debemos hacer algo para ayudarlos: 1. Orar por ellos: Para que sean salvos; 2. Acercarnos a ellos: Por medio de las células, de Mi Discípulo, o del evangelismo; para curarlos, levantarlos, en fin, repito para ayudarlos.  No seas igual que el sacerdote o el levita, no pases de largo, no pongas tus cosas (trabajo, estudio, diversión, etc.) primero.  Ora al Señor por compasión, y tu ve y haz lo mismo que el samaritano. No olvides que para Dios las almas son lo más importante. Haz un discípulo y llévalo a la casa de Dios…

Dios le bendiga.

Rev. Leonardo Bailey

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