El poder de la oración

Oración: Comunicación con Dios. Desde la creación del hombre, hasta hoy, Dios ha querido y quiere comunicarse con el hombre. Para hacerlo, Él (Dios) ha utilizado diferentes medios o formas. Lo ha hecho por medio de su palabra, por profetas, sueños, visiones, ángeles, etc. Sin embargo, cuando es el hombre el que trata de comunicarse con su hacedor (Dios), solo lo puede lograr mediante la oración, que es el único medio por el cual Dios nos permite dirigirnos a Él. Entonces, orar es hablar con Dios. Cuando alguna persona lee la Biblia, Dios está conversando con esa persona; pero cuando alguna persona ora, es esta (la persona) la que conversa con Dios. Es importante el observar que la oración siempre debe ser dirigida a Dios. No debemos orar a ningún santo, o ángel, o virgen, solo a Dios. Cuando se pretende pedir u orar a cualquier persona o cosa fuera de Dios se comete pecado

Ahora veamos: I-Requisitos para la oración: 1. Fe. Nadie podré acercarse a Dios sin fe. Para hablar con un Dios que nuestros ojos (físicos) no ven, ni nuestros oídos (físicos) oyen necesitamos fe, (que es creer en él, aún cuando no lo podemos ver, oír o tocar). La Biblia dice: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. (Hebreos 11:6). Jesús señaló que: “Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis y os vendrá”. (S.Mr. 11:24). 2. Ser justo. Todos los hombres somos pecadores, y esto (el pecado) nos impide el libre acceso a Dios. Solo cuando el hombre nace de nuevo y vive para Jesucristo; es contado como justo delante de Dios, pues es él (Jesús) el que nos justifica (nos hace justos delante de Dios). El término justo es equivalente a santo (apartado o separado para Dios), temeroso de Dios. El pecador se puede acercar a Dios mediante la oración de arrepentimiento. (Jn. 3:10). Pero sin arrepentimiento previo no hay comunión o comunicación con Dios. En Juan 9:31 leemos: “Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye”. Note usted la condición para que Dios escuche al hombre según este versículo: a. Ser temeroso de Dios (santo, justo), b. hacer su voluntad. El rey David escribió: “Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias”. (Sal. 34: 17). El versículo 15 del mismo capítulo dice: “Los ojos de Jehová están sobre la los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos”. Siempre observaremos que en la Biblia la oración o el clamor tienen que ver con los justos, nunca con los impíos o pecadores. La oración es para los justos (santos) amén. 3. Perseverancia. No siempre que el justo ora, recibe respuesta inmediata, al parecer es todo lo contrario. La oración debe ser paciente e insistente. Tenemos que recordar que Dios es Soberano (en otras palabras hace lo que quiere, cuando quiere, donde quiere y con quien quiere). Todas aquellas oraciones que no han obtenido respuestas, serán respondidas por Dios en el “tiempote Dios”. Solo no dude e insista que Dios responderá, él dijo: “clama a mí, que yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”. (Jer.33:3). Si Dios no ha respondido aún a tu oración; persevera.

II- Resultado de la Oración: La oración no solo es un medio, mediante el cual, el hombre se comunica con Dios. La oración es el arma más poderosa que Dios ha puesto en manos de su iglesia. Porque: a. Dios responde a la oración: El (Dios) se compromete a responder cuando se clame (pida) con fe no dudando nada. Toda oración de los justos, Dios lo escucha y lo responde. También debo añadir que la misma (oración) debe ser conforme a su voluntad. Usted no debe orar para hacer o recibir algo que va contra la Palabra de Dios. Debemos pedir bien, es decir conforme a su voluntad (Palabra). La Biblia dice: “Pedís y no recibís, porque pedís mal”… (Stg. 4:3). Muchas veces nos ocurre esto, pedimos mal. b. La oración cambia las cosas: Muchas son las veces que observamos en la Biblia que la oración ha cambiado las cosas: en la vida de Abraham, Lot, Jacob, Moisés, Sansón, Elías, Eliseo, Isaías, Jeremías, etc. Su oración puede cambiar las cosas en su vida, familia, trabajo, ministerio, iglesia, nación y aún en el mundo. (la oración es más poderosa que cualquier arma creada por el hombre). La Palabra de Dios dice que: “…La oración eficaz del justo puede mucho”. (Stg. 5:16). Veamos un ejemplo: Elías era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses y otra ves oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto”. (Stg. 5:17-18). Observe usted que la clave del profeta Elías para impedir y luego permitir fue s oración ferviente. Cuando un cristiano o una iglesia ora fervientemente puede lograr cualquier cosa. El mismo Dios de Elías es nuestro Dios también; el mismo Dios que respondió a Elías es El mismo Dios que nos responde a nosotros también. Pero ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué Elías vio grandes milagros y nosotros no vemos nada? Insisto, es por la oración ferviente. La oración cambia cosas, y la iglesia del Señor puede cambiar las cosas en un país, mediante el poder de la oración a Dios.

III- Formas de Oración: puede ser: 1. Personal, 2. Familiar, 3. Congregacional, 4. Nacional. 1. Oración Personal: es la forma más íntima de comunión entre el hombre y Dios. La oración entre Dios, y yo y punto, nadie más. El Señor Jesús se refirió a esta oración cuando dijo: “Mas tu cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que esta en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. (Mt. 6:6) Todo cristiano verdadero debe desarrollar la oración personal. 2. Oración Familiar: la palabra “familiar” puede ser entre esposos, hermanos, padres con los hijos, abuelos con su nieto, etc. todas las peticiones giran en pro de la familia. Por ejemplo: Unidad, protección, provisión, sanidad, etc. Generalmente la familia que práctica la oración es unida y vive en victoria. 3. Oración Congregacional: es la oración de la iglesia, de la congregación. Una cosa es la oración personal, o familiar, y otra es la congregacional. Cuando los cristianos se reúnen para participar de la oración, se desarrolla y fortalece la comunión y el amor entre los creyentes. Aprendemos a suplicar y llorar por las necesidades de nuestros hermanos y participamos de sus problemas, pruebas o aflicciones. Todo cristiano debe tener una oración personal y también debe participar de la oración congregacional. La Biblia enseña que esta práctica se desarrolla en la iglesia apostólica, cuando dice: “y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”. Hch. 2:42. Antes de continuar quisiera señalar que tanto la oración familiar como la congregacional y la nacional se debe realizar: a. en armonía, b. en unidad. Algunos cristianos modernos (de hoy) piensan que ellos no necesitan orar juntos a otros hermanos y hasta menosprecia los cultos de oración, privándose de la gran bendición que Diosa nos da de orar unos con otros, y unos por otros. (Que tristeza) son cristianos egoístas oran solos o por sus familiares solamente. 4. Oración Nacional: implica la participación de toda la mayoría de la nación. La podemos observar en el libro de Jonás 3:1-10 Todo un pueblo o nación (Nínive) se dispuso a buscar a Dios y el respondió. Cuando pedimos por nosotros mismos delante de Dios a eso le llamamos oración o petición y cuando pedimos por otros le llamamos intercesión o clamor a Dios. Nuestra oración puede ser: a. en voz alta (Hch. 4:24), b. en voz baja (I Sam. 1:3) c. en el corazón o mentalmente (I Sam. 1:13) d. cantando himnos (Hch. 16:25). También puede ser: a. de rodillas (la mejor de las formas ya que demuestra humillación y rendimiento total, b. de pie, c. sentados, d. acostados (solo cuando alguna enfermedad impida cualquiera de las otras posiciones. (Por causa del espacio no puedo desarrollar estas formas de oración.

Conclusión: Este y todos los demás escritos sobre la oración, buscan inspirar y orientar a todo cristiano a una vida más profunda de oración. La oración no es una alternativa en la vida del creyente sino una urgente necesidad. El Señor ordenó y no pidió sino que ordenó: “Velad y orad” (Mr. 14:38). Necesitamos todos fortalecer el altar (oración) en nuestros hogares y en la iglesia. Dios nos esta llamando a una vida más consagrada de oración; no seas mas indiferente

Rev. Leonardo Bailey

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