La Hora del Incienso

“Hubo en los días de Herodes, Rey de Judá, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías, su mujer era de las hijas de Aarón y se llamaba Elizabeth. Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. Pero no tenían hijo, porque Elizabeth era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada. Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del Sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías al verle y le sobrecogió temor. Para el ángel le dijo: Zacarías no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elizabeth te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aún desde el vientre de su madre”. (Lc. 1: 5-15)
Dando continuidad a nuestra enseñanza sobre la hora de la oración, hoy analizaremos lo que la biblia titula “la hora del incienso”. Ahora, veamos los participantes: 1. Zacarías: era un sacerdote. Su oficio era estar delante de Dios, intercediendo por el pueblo, además de guiar y enseñar a los hombres la palabra de Dios. El ministerio del sacerdote es esencialmente el ministerio de la oración. 2. Elizabeth: es de las hijas de Aarón y por lo tanto es una mujer que ha vivido siempre asociada al sacerdocio. Es una mujer acostumbrada a la vida de oración y santidad, ya que la Palabra del Señor dice que “Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor”. (Lc. 1:6). Ellos tienen un problema grave: no tenían hijos. Las causas: a. Elizabeth era estéril, y B. Eran ya de edad avanzada. 3. Un ángel: un mensajero del Señor en un momento específico (la hora del incienso), en un lugar específico (el santuario), con una respuesta específica.

  1. El Pueblo: toda la multitud participando de la oración. En este relato podemos observar qué para el pueblo de Israel, la oración entre todos como uno era muy importante, ya que la Palabra, el Señor dice que: “Toda la multitud del pueblo estaba fuera orando (Lc. 1:10). No era una parte del pueblo, sino una multitud. Quiera Dios que algún día en Panamá se encuentre todos los días una multitud orando juntos por lo menos una hora diaria. Cuando esto ocurra, seguro que veremos el poder de Dios y el ministerio de los ángeles en acción.
    Quiero aclarar la actitud del pueblo: la Biblia dice que estaba fuera; no viendo u observando, no conversando, no cantando; sino orando. Ahora la pregunta es ¿Por qué? ¿Cuál sería la necesidad del pueblo? ¿Se encontrarían en una crisis? Definitivamente que el pueblo, más que por una necesidad o por una crisis; se encontraba fuera del santuario orando porque era la hora del incienso (v.10). Existía un altar del incienso y una hora del incienso. La Biblia habla del altar del incienso en Éxodo 30:1-10 que dice: “Harás así mismo un altar para quemar el incienso; … Y lo cubrirás de oro puro… Y lo pondrás delante del velo que esté junto al arca del testimonio, delante del propiciatorio que está sobre el testimonio, donde me encontraré contigo. Y Aarón (el sacerdote) quemará incienso aromático sobre él; cada mañana, cuando aliste las lámparas, lo quemarás. Y cuando Aarón encienda las lámparas al anochecer, quemará el incienso; rito perpetuo delante de Jehová por vuestras generaciones. No ofreceréis sobre el incienso extraño…
    Note que Dios ordena: a un altar. Cubierto de oro, c. Es para quemar incienso. Es rito perpetuo. Todos estos aspectos simbolizan la oración. Tanto el altar, como el incienso, el fuego que lo quema, el humo que sube, la madera cubierta de oro; en fin, todo nos enseña la comunión permanente que Dios quiere tener con su pueblo, y él ha señalado el único medio: La Oración. El Señor demandó que su pueblo Israel quemara incienso cada mañana y cada noche; y lo sigue demandando, solo que ahora él espera que sea su iglesia la que clame delante de El de día y de noche. La Palabra también dice sobre el incienso: y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas llenas de incienso, que son las oraciones de los santos (Ap. 5:8). Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos (Ap. 8:4). Siempre el incienso tiene que ver con las oraciones de los santos. Nunca permitas, que se apague el fuego en tu vida, que enciende el incienso que sube delante de Dios (esto es tu oración permanente).
    Entonces Zacarías entró al santuario para ofrecer el incienso; el pueblo oraba a la hora del incienso; y obtuvieron respuesta de Dios: 1. Una visión (el ángel), 2. Una respuesta (el mensaje), 3. Un milagro (no solo para Elizabeth y Zacarías, sino para todo el pueblo; ya que Juan el Bautista, sería una bendición para todo Israel). Todo ocurrió a la hora del incienso, la de la oración.
    En conclusión: En la hora del incienso: el fuego viene de Dios, el incienso representa a nuestras vidas y el humo que sube en nuestra oración producto del fuego de Dios en nuestras vidas. Dios demandó a Israel que quemará incienso perpetuamente y nos está demandando una vida de oración constante, permanente e insistente. Cuando todos nosotros, o por lo menos la mayoría, estamos orando a la hora del incienso (la de la oración), veremos visiones, ángeles vendrán a nosotros, milagros poderosos ocurrirán, muchas almas se salvarán y Dios responderá a todas nuestras oraciones. Únete para formar parte de esa multitud que Dios está buscando para la oración. Persevera en la hora de la oración, es una gran bendición para todos.

Rev. Leonardo Bailey

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