La Obediencia

Deja tu comentario / Rev. Leonardo Bailey

Consciente de que somos el pueblo de Dios, miembros del cuerpo de Cristo (la iglesia) y que por lo tanto estamos siendo perfeccionados en su amor (1Jn. 4:12); hoy analizaremos sobre uno de los requisitos indispensables (además de la fe, la santidad y el amor) para vivir en la voluntad de Dios; me refiero a la Obediencia.  Su significado es: Cumplir con la voluntad o la orden del que manda o dirige.  La obediencia requiere de dos elementos: a. La sumisión y b. La humillación.

Desde que Dios formó al hombre y lo puso en el huerto del Edén; el Creador demandó obedecer.  Gn.2:16-17 dice: Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Observe usted que el único requisito para que el hombre no muriera era que: No comiese del árbol de la ciencia del bien y el mal, en otras palabras, Dios le demandó al hombre que fuera obediente.  La obediencia en la vida de Adán le garantizaría: a. Vida eterna, b. Comunión permanente con su Creador, c Paz, d. Gozo, e. Salud, etc.  Entonces, la obediencia siempre trae buenos resultados a la vida del ser humano; mientras que la desobediencia siempre traerá: Muerte (física o espiritual), fracaso, dolor, destrucción, enfermedades, tristeza, ruina, etc.  También tenemos que observar que Dios, al ordenar a Adán que no comiese del árbol de la ciencia del bien y el mal, sencillamente esperaba que le obedeciera. Esta obediencia debe ser incondicional (es decir, libre de condiciones), e incuestionable. A Dios no le importaba si Adán estaba de acuerdo o no, o si Adán le entendía o no; sencillamente Dios esperaba que obedeciera. En la parábola de los dos hijos, vemos el ejemplo.  Veamos: “Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero.” (Mt. 21:28-31).  Observe que el primer hijo no quería ir (o no estaba de acuerdo con el padre), pero fue; y el segundo hijo si quería ir (estaba de acuerdo) pero no fue.  Medite en la pregunta del Señor Jesús ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Ve, como no es importante ¿quién está de acuerdo o no? Aquí lo importante es ¿Quién hizo la voluntad del padre? o ¿Quién obedeció? Lo importante del árbol no son sus hojas, sino sus frutos. La obediencia es fruto de la fe.  Cuando el hombre (o mujer) tiene verdadera fe, es obediente a Dios.  Sin embargo, Adán falló (desobedeció a Dios).  Y a partir de allí, casi todos los hombres viven desobedeciendo a Dios.  Quisiera examinar rápidamente la vida de dos hombres llamados por Dios, ungidos y separados para una obra especial, pero que cometieron un error: No obedecieron a Dios. Veamos: 

  • Moisés: Uno de los más grandes hombres de Dios en la Biblia. Cara a cara hablaba con Dios (Num. 12:8). Fue llamado por Dios en el monte Horeb por medio de una visión (Ex. 3:3-6). Dios lo usó mostrando su poder por las 10 plagas que envió sobre Egipto, dividió el mar rojo (Ex. 14:21), Dios le entregó las tablas de la ley, hizo el tabernáculo con todos sus utensilios, en fin, su hoja de vida está llena de grandes milagros, prodigios y maravillas. Dios lo escogió para dos cosas: Para liberar al pueblo de Israel, y b. Introducirlos a la tierra prometida.  Lo triste del ministerio de Moisés, es que solo pudo cumplir con una parte de su llamado (solo liberó a Israel de la esclavitud de Egipto), ya que no los pudo introducir a la Tierra Prometida.  ¿Por qué? Por no obedecer a Dios.   Cuando el pueblo de Israel se juntó contra Moisés y Aarón porque no había agua en el desierto; ellos (Moisés y Aarón) fueron delante de Dios a presentar el problema y Dios le respondió: “Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias. Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó. Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña? Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias. Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.” (Num. 20:7-12).  Que tragedia: Dios le dijo a Moisés y a Aarón, hablad a la peña; y ellos que hacen: Golpean la peña (desobedecen); y esto les impide entrar e introducir al pueblo a la tierra prometida.  Esta es la nota triste de la vida de Moisés: Que no entró a la tierra a la tierra prometida (Canaán).  ¿Puede usted creer que la desobediencia nos impide entrar al cielo? Dios nos guarde. 
  • Saúl: Fue escogido por Dios para ser el primer rey de Israel, ungido para el cargo y llamado a ser grande con toda su casa. No obstante, este rey tenía un pequeño problema: Era desobediente. Tenía problemas para obedecer a Dios y esa fue su ruina.  Observemos:  Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza, y lo besó, y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel? Hoy, después que te hayas apartado de mí, hallarás dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en el territorio de Benjamín, en Selsa, los cuales te dirán: Las asnas que habías ido a buscar se han hallado; tu padre ha dejado ya de inquietarse por las asnas, y está afligido por vosotros, diciendo: ¿Qué haré acerca de mi hijo? Y luego que de allí sigas más adelante, y llegues a la encina de Tabor, te saldrán al encuentro tres hombres que suben a Dios en Bet-el, llevando uno tres cabritos, otro tres tortas de pan, y el tercero una vasija de vino; los cuales, luego que te hayan saludado, te darán dos panes, los que tomarás de mano de ellos. Después de esto llegarás al collado de Dios donde está la guarnición de los filisteos; y cuando entres allá en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio, pandero, flauta y arpa, y ellos profetizando. Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre.Y cuando te hayan sucedido estas señales, haz lo que te viniere a la mano, porque Dios está contigo. Luego bajarás delante de mí a Gilgal; entonces descenderé yo a ti para ofrecer holocaustos y sacrificar ofrendas de paz. Espera siete días, hasta que yo venga a ti y te enseñe lo que has de hacer. (1 Sam. 10.1-8).  Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto. Y cuando él acababa  ofrecer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle. Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto. Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tú Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero. (1 Sam.13:8-14). B. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos. …Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto. Y tomó vivo a Agag rey de Amalec,Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir… Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová. Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos? …Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey. (1 Sam.15). Este rey tenía un problema en su corazón; era rebelde y obstinado.  Entonces, la desobediencia es rebelión y obstinación. Hacer casi todo lo que Dios dice, no es obedecerle.  Obedecer en casi todo, es desobedecer.  Saúl tuvo consecuencias negativas en su vida por no obedecer: a. Perdió el trono de Israel, b. Dios se alejaría de él, c. Murió. 
  • Conclusión: Por causa del espacio, no puedo continuar con esta enseñanza; sin embargo, quiero exhortarle a ser fiel y obediente.  En la obediencia, hay bendición; en la desobediencia, hay juicio y maldición. Obedezca a Dios, aún cuando usted no lo entienda o no esté de acuerdo. Obedecer es estar sujeto a la voluntad de Dios, aún cuando va en contra de nuestra propia voluntad.  Ejemplo de obediencia nos dio el Señor Jesucristo antes de ir a la cruz cuando oro al Padre “diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”  ¿Alguien entendió esto?  Obedecer es rendirnos a la voluntad de Dios. Y ¿qué cosa espera Dios de nosotros? a. Que oremos, b. Que vivamos en santidad, c. Que nos amemos unos a otros, d. Que nos congreguemos, e.  Que le adoremos y le alabemos, f. Que meditemos y vivamos su Palabra, g. Que nos perdonemos unos a otros, h. Que seamos fieles en nuestros diezmos y ofrendas, i. Que obedezcamos a nuestros pastores. J. Que le sirvamos (discipulando y evangelizando), etc. En términos generales, en todos estos aspectos que he mencionado, está la voluntad de Dios, y el no prestarle atención y obedecerle es rebelarse contra Él.   Debo aclarar que nadie nace obedeciendo, lo que significa que la obediencia se aprende o se puede aprender (esto depende de la voluntad de cada creyente). Espero que todos los que leen se hagan una especie de autoanálisis y se pregunten: ¿Estoy obedeciendo a Dios?  Si su repuesta sincera es que no, o que le esta obedeciendo en casi todo; entonces necesita hacer un alto y comenzar a rendirse a Dios, obedeciéndole en todo. Obedecer a Dios es seguir las instrucciones que Dios nos da por medio de: a. Su Palabra y b. Sus Siervos (Pastores). Hay mucha gente rebelde que dicen que ellos solo obedecen a Dios, pero que no obedecen a los hombres, esto es una completa locura ya que no se puede obedecer a Dios, sin antes obedecer a los hombres. Un ejemplo: Saulo cuando tuvo un encuentro con Jesús (Hch. 9:1-19). Dios les Bendiga.   

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