Un buen Soldado de Jesús

“Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús”.  Lo que has oído de mi ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.  Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.  Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.  Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente.

El labrador para participar de los frutos, debe trabajar primero.  Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.

Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio, en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor, más la palabra de Dios no está presa.  Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús, con gloria eterna.

Palabra fiel es esta:            Si somos muertos con él también

                                               Viviremos con él;

                                                Si sufrimos también reinaremos con él;

                                               Si le negaremos, Él también nos negará;

                                               Si fuéremos infieles, Él permanece fiel;

                                               El no puede negarse a sí mismo.  (II Tim. 2:1-13).

Al iniciar este escrito lo hago con la intención de captar toda la atención posible de la iglesia de Jesucristo, e inspirarlos para que podamos cumplir con la voluntad de Dios en nuestra vida, es decir, que llevemos mucho fruto para la gloria de Dios.  El Señor dijo: …el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. (Jn. 15:5).

Tengo también la intención de involucrar activamente a todo creyente en el servicio al Señor, ya que desde inicio de este mes (de Guerra Espiritual), iniciamos un nuevo capítulo o período, en la historia de esta congregación en el desarrollo, crecimiento y multiplicación de la grey.  La Biblia dice del Señor Jesús, “Después subió al monte, y llamó así a los qué el quiso; y vinieron a él.

Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar (Mr. 3:12-14).  Analicemos lo siguiente:

  1. El (Jesús) llamó a los que el quiso.
  2. Estableció a 12 para que estuviesen con él.
  3. Y para enviarlos a predicar.

Jesús llama, selecciona, organiza y prepara a un grupo, y para hacer la obra de Dios en esta tierra.  La Biblia les llama seguidores, discípulos, apóstoles o cristianos.  Sin embargo, el apóstol Pablo cuando escribe a su hijo Timoteo, enseña que la iglesia del Señor también es un ejército, (el ejercito de Dios en la tierra).  Ahora, quiero que examinemos el consejo de Pablo a su hijo detalladamente:

  • Esfuérzate: Para ser parte del cuerpo del Señor y así agradarle en todo se requiere del esfuerzo.  Significa ir más allá de nuestra fuerza normal.  No en sus propias fuerzas sino en la gracia de Dios.  El camino de la fe no es fácil para nadie, pero se puede andar en él por la misericordia de Dios, la determinación y el esfuerzo personal.
  • Hombres Fieles: El esfuerzo no es suficiente, a esto tenemos que añadir la fidelidad.  Timoteo tendría que ganar (buscar) y formar a hombres con la capacidad de seguir y servir al Señor con pureza y sin dudas.  Hombres que amen a Dios y estén dispuestos a seguirle y servirle, cueste lo que cueste.
  • Idóneos: Es el tercer requisito. Se puede ser esforzado y fiel  sin ser idóneo, es decir sin ser aptos para hacer determinada tarea.  Esta idoneidad solo es posible alcanzarla por la preparación tanto espiritual como física y teológica.  Muchos de los que leen esta nota son esforzados, o fieles, o ambos, pero no son idóneos para enseñar a otros, por no dominar la Palabra de Dios.  Les falta preparación para el discipulado.  Mientras más preparados estemos en el conocimiento de la palabra, más almas ganaremos para Jesucristo. 
  • Enseñar a otros: No es solo conocer, sino también compartir.  Dios espera que nosotros podamos compartir con otros su Palabra que es fuente de amor, sabiduría y vida eterna.  Uno de los propósitos de Dios en la iglesia es que ésta comparta con otros.  ¿Cuándo fue la última vez que compartiste el evangelio con un incrédulo?
  • Sufre: No hay excusas para no compartir. La enfermedad, necesidad financiera o problemas familiares, no deben ser un obstáculo para la divulgación del evangelio de Jesucristo.  El sufrió en la cruz por nuestra salud y salvación y sin duda alguna todos sufriremos por causa de la fe en Jesucristo.  No permitas que ningún problema sea un impedimento para compartir la Palabra del Señor con otros.  El Señor dijo: En el mundo tendréis aflicción (sufrimiento); pero confiad, yo he vencido al mundo (Jn. 16:33)  ¿Alguien esta sufriendo? De gloria a Dios.  De aquí en adelante el apóstol emplea tres analogías: a. El soldado, b. El que lucha en competencia deportiva, y c. El labrador.  La analogía militar era la favorita de Pablo, no tanto por que el se inclinara por lo militar, sino porque en el imperio romano a los soldados se les veía por todas partes, y sobre todo por que la vida del soldado representa una magnifica comparación con la vida del creyente.  Quien sirve en esa capacidad rigurosa (de soldado) necesita ejercitarse para estar en buena condición física.  Acepte las dificultades, privaciones y peligros sin queja alguna como parte de su responsabilidad.  El soldado se separa de la sociedad con la que ha estado familiarizado toda su vida y es introducido en una nueva comunidad altamente especializada.  Se despoja de su ropa civil y se viste con un uniforme provisto por el gobierno.  Entra o sale únicamente bajo ordenes y con permiso expreso.  Duerme donde le dicen y come donde se ha hecho provisión para ello.  De hecho, su vida misma está a disposición total del gobierno y, si es necesario, hasta quizá se le llega a pedir que la arriesgue.  El soldado no puede echar raíces en ninguna parte, por más deseable que le parezca.  No se pertenece a si mismo, sino a alguien más.   Así debe ser en nuestra vida cristiana; al igual que el soldado el creyente necesita preparación espiritual en:  Oración, b. Ayunos, c. Vigilias, d. Instrucción bíblica; también debe despojarse de su ropa civil (mente carnal) y vestirse con uniforme de Dios (fe).  Al igual que el soldado el creyente debe aprender a ser ordenado y disciplinado; necesita aprender a obedecer a Dios y servirle en todo.  Tiene que aceptar las pruebas y dificultades sin queja; necesitamos saber que ya no nos pertenecemos, sino que pertenecemos al ejercito de Dios y como los soldados tenemos que aprender a trabajar en equipo, como un ejército.  Pero a diferencia de los soldados el servicio en el Señor no es obligatorio sino voluntario.  El problema de la iglesia de hoy es que está integrada por hombres y mujeres sin la mentalidad de un soldado, sin fe, sin visión, y sin vocación de servicio.  En nuestros días la iglesia parece más un club social que un ejército, donde nadie está comprometido con nada ni nadie, ignorando la verdadera voluntad de nuestro Señor que es el servicio.  Por tal motivo hago un llamado a todos los hombres, mujeres y jóvenes, para que abandonemos el concepto de club social, y abracemos el concepto de un ejército, con integración, compromiso, servicio y unidad.  Dios está buscando un ejército para revolucionar todo el Oeste de nuestro país y esta es tu oportunidad para servir a Jehová de los Ejércitos haciendo algo para él.  A partir de hoy propongámonos en nuestro corazón ser creyentes activos en la iglesia, que trabaja y da frutos en el señor, ya que en este ejército están los “más que vencedores”.  Hable de Jesucristo (haga un discípulo), comparta con alguien, invite a algunas personas a la casa de Dios, busque un alma para ser salvo; en fin sirva a Dios.

Conclusión: El general y cabeza de este ejército es Jesucristo, nosotros solo somos soldados, representamos al gobierno del cielo, el gobierno de Dios.  Como todo soldado tenemos que poner una cuota de sacrificio; seamos fieles a Dios primero en nuestras vidas, en la santidad, en los diezmos y ofrendas, en nuestra participación a los cultos, en la oración y luego en el servicio (haciendo un discípulo).  Sirvamos a Dios no para agradar al ojo del hombre o a la iglesia, sino de corazón, con amor y fe.  Antes de ir a la iglesia invita a alguién, antes de dormir comparte el evangelio con alguna persona, trabaje duro, haga algo para Dios, porque como todo soldado tiene paga, así Dios tiene recompensa para todos aquellos que le sirven.  La Biblia dice: “y todo lo que hagáis hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”. (Col. 3:23-24).  Pide de todo corazón al Señor que use tu vida y te permita servirle en este gran ejército que es la Iglesia.

Dios les Bendiga

 

 

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